DILEMAS DEL SIGLO XXI ENTRE LAS PAREDES DE AIPAD 2016

por Bárbara Victoria

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Vengo del mundo audiovisual, pienso y me explico en imagen y sonido. Recuerdo en tape. Me olvido tape. Me define el Betacam. Y cuando tengo que acercarme a un evento como The Photography Show, en donde todo es fotografía y nada más que fotografía, reflexiono sobre la competencia de las artes entre sí. A veces amigas, a veces odiosas. Me pregunto si definirse fotógrafo o video-artista es un mal necesario. ¿No pasa más por el recorte y la expresión que por el soporte? ¿Qué tiene de crucial la herramienta con la que el artista trabaja? Dos fotógrafos que viven en la misma cuadra y que tienen la misma cámara pueden hacer roca y boca tanto así como la misma guitarra una samba y un blues.

Me acerco y me alejo. Hay rocas que se hacen beso. Y hay sambas de todos los colores.

Con esto en mi cabeza llego a The Photography Show, organizado por AIPAD -The Association of International Photography Art Dealers-, en Manhattan. Vengo a encontrarme con Federico Curutchet, Gallery Manager de Rolf Art. Cuando llego Federico tiene un taladro en una mano y un nivel en la otra, procura que las medidas queden exactas. Este espacio que se está armando en The Photography Show se lo ganó Rolf Art, quien comandado por Florencia Giordana Braun, tiene el honor de presentar a Milagros de la Torre, made in Lima, Perú. Los espío en los preparativos: Florencia le pregunta a Milagros por una mesa, mientras decide dónde irán los zócalos; Milagros implora que las piezas queden protegidas, y que la luz se ubique con precisión.
Lo lindo de estar aquí es que estas tres personas son muy distintas entre sí. Es un trío ecléctico. Cada cual a su ritmo sujeta su instrumento con fuerza. Federico con su filosofía de ensueño; Florencia con su ¨no¨ rotundo, que aunque cordobés y cálido, te pone el freno cuando algo se escapa de su visión; Milagros, tímida, se toma su tiempo e investiga. El fin común es que la obra de Milagros se comunique. Y cuando tres personas que trabajan libres se unen haciendo lo que aman, la acción sacude. Esto es el agite Bajo el Sol Negro, y recién comienza.

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Recorriendo la feria me excito. Hay rincones que me absorben y me llevan. Me abrumo. ¿Cuál es la misión del arte sino la de trasladarte a lugares remotos? Tonterías, me discuto, el arte tiene la misión de mostrarte en la cara aquello que no veías venir. Sigo con mi dilema recorriendo las salas: dos niñas equilibristas me invitan a abandonar mi confusión y a jugar en su circo. Veo la cabeza de una sobre la otra en un balance liviano. Los lunares de sus trajes son la luz de la feria.

Recuerdo mi experiencia trabajando junto a tres fotógrafos en Buenos Aires y haber aprendido de ellos sobre lo delicado de plantar la cámara, de hallar la ubicación precisa para ponerse a trabajar. Pienso en lo frágiles que se vuelven las horas, en lo mucho que se agradece empezar al alba, en la urgencia del tiempo, en lo demoníaco del mediodía. El fotógrafo caza. Pienso. Atrapa las bestias y las deja sobre la mesa de disección. A veces esto es para curarlas. Otras, para maltratarlas, porque hay algo ahí que anda mal. El fotógrafo tiene corazón de justiciero.

-¿Entonces la fotografía se trata de destacar algo, de ponerlo en primer plano?
-Todo lo contrario – Me responde Federico, ahora por la calle, tomándose un respiro. Aunque agotados sus ojos, su cabeza sigue enérgica expresando lo que lo conmueve de la fotografía. Mueve y abre sus manos mientras habla, enfatiza que esto es de suma importancia. – Cuando empecé a trabajar con Rolf venía de trabajar con marfiles y porcelanas. De pronto había  futuro y eso fue refrescante. Porque la fotografía viene a negar, a discutir, la fotografía no termina en ese recorte, se expande en la negación de todo lo que decide dejar afuera. Desde que el artista se expresa fotográficamente, desde que existe el mero retrato, el arte construye una trampa de multiplicidad, y eso es lo encantador que yo encuentro en la fotografía, lo desafiante del poder de la máquina, y hasta lo travieso de que cinco personas puedan tener el mismo océano enmarcado en contextos de vida tan disímiles.

Vuelvo al sector de Rolf Art y miro de cerca uno de los retratos de Bajo el Sol Negro. Una nena de ojos brillantes me guiña el ojo. Yo no sé quién es, Milagros guarda secretos. Pero la nena me guiña el ojo de nuevo, en su alto contraste de rojos y negros quedo hipnotizada. Veo con claridad los orificios de su nariz, veo uno por uno los pelos de su flequillo. ¿En dónde está esa chica ahora? ¿Cuál es el color de sus días? ¿Se acordará de la vez en que Milagros la retrató? ¿Quién pasaba detrás del lienzo bajo ese sol de Cuzco? Muy distinto al trabajo de los minuteros, el trabajo de Milagros dispara de frente, buscando en la mala memoria un gesto de honestidad. Deshace el tejido de la identidad buscando algo que humanice.

Al otro día, ya el último del evento, uso la propuesta de Federico -después de todo hace tiempo que él viaja, estudia e impulsa a jóvenes artistas. Yo gateo, a ritmo de bebé, por los pasillos de la feria. Si la fotografía es aquello que niega, entonces, me pregunto, ¿qué pasa con lo que le sigue al marco? Mientras que la fotografía me venía resultando lo cercano y lo directo de la intimidad de un enfoque, de lo concreto de un banco de plaza, de la quietud de un edificio, ahora es la infinidad de posibilidades que hay de imaginar lo que escapa al encuadre. ¿Cuántos hombres dialogaron en esta plaza hasta altas horas de la noche? ¿Cuántos sueños conviven en cada uno de esos departamentos?

A esta altura estoy más que confundida. Me sigo sumergiendo en los pasillos de AIPAD, y me choco con un sector, Japón. El artista es Munemasa Takahashi, la galería es PGI. Junto a la obra de Munemasa el manifiesto del ritual que produjo su obra, Laying Stones, en la que intenta atravesar el duelo tras la muerte de un amigo. Retrata gotas de agua en un tronco, mariposas. Munemasa pega disparos al bosque que tuvo a su amigo por última vez, antes de suicidarse.

Federico habla del futuro, mientras que Milagros y Munemasa agitan la memoria.

Cuando le pregunto a Milagros de la Torre qué es la fotografía, me responde moviendo la cara, abre y cierra los ojos, su cerebro hace interferencia. Murmura algo sobre investigar distintas capas, separarlas con guantes y pinza, estudiarlas con paciencia. No le salen bien las palabras. Se pone nerviosa.

Pienso. La fotografía en su poder universal de la imagen que gobierna. Es el arte de lo subliminal. Abandona la psiquis. ¿Abandona la psiquis? La fotografía es un trabajo que se hace sin palabras.

Antes de irme me detengo en una foto. Retrata una mano abierta, que surge por el borde inferior izquierdo, impulsando al cielo. El fondo es sombras, la mano brilla. La pelota que lanza queda suspendida en el aire. Las luces se apagan.

 

 

*Fotos por Rolf Art, Milagros de la Torre, Barbara Victoria.